¡Esos
inolvidables días!
La Locateli y yo, salimos un día
de esos en los noventas a tomarnos algo, supongo a meternos algo también por la
ñata, tradición que no ha desaparecido, al contrario, ha aumentado en la Lima
de hoy.
En fin, estábamos, ebrias y supongo
que "tiros" no habíamos conseguido ese día, andábamos en el cruce de
la avenida Larco con 28 de Julio en Miraflores, ahí en plena Larco, existía un
barcito gay, simpaticón, no como los de ahora, ¡esa Lima y limeños de atrás!
Bueno, salíamos del bar y sencillamente
nos caíamos de borrachas las dos en la pista, tratando de cruzarla. Ya nos
habíamos convertido en lo que comúnmente conocemos como rompe-muelles, no sé
cuantos minutos pasaron, pero alguien debió ayudarnos a levantar.
Nos paramos al borde de la pista
a tomar un taxi, paró uno y yo me senté adelante, Locateli iba atrás, y como
siempre he sido muy libre con mi sexualidad, además de los tragos que llevaba
encima, Locateli me besaba apasionadamente desde el asiento trasero, yo iba
adelante, no recuerdo porque y, echaba la cabeza hacia atrás para que mi
acompañante llegara a mi boca con soltura y, así andamos por unas pocas cuadras, cuando de
repente, siento en uno de mis pechos, una mano acariciadora, pensé, obvio, que
era Locateli entusiasmada con la situación, pero a los segundos confirme ¡que
no era la mano estilizada y femenina de mi acompañante! ¡Era la mano de un
pata! ¡fuerte y áspera que acariciaba mi pecho fuertemente! Era el puto
taxista, que observando la situación, decidió acompañarnos en nuestro viaje
eroticón, metí un grito y le dije: ¡Locateli,
este huevón, mira lo que está haciendo! Locateli que era armas tomar y lo sigue
siendo, hizo que el taxista parara en seco en plena avenida Larco, el pata
estaba al borde del colapso. ¡Locateli le decía de todo! finalmente bajamos del
taxi y, Locateli que tenía una botella de algún licor, quién sabe de qué ese
día, ¡le reventó la botella al pata en la cabeza! Después de eso, ¡no recuerdo
nada!
¿Dónde terminamos, cómo, en qué?
NADA! ¡Sorry fin de una noche quién sabe, como acabo! Esta,
es una pildorita, de las muchas que viví con Locateli, ¡Uff! hasta hoy en día,
su vida se cruza con la mía de alguna forma,
locura tras locura. No me arrepiento de nada de lo que he vivido en mi
vida, pero ¿facturas? Una que otra por ahí pendiente...
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