Mirando por la ventana veía mi bota mágica flotando en el agua, tan grande y dorada que mis ojos no la alcanzaban, me dijo sonriendo -ven, súbete, te llevo donde quieras-, salte feliz de la ventana y subí en ella, la bota emprendió el vuelo, podía ver las luces de la playa desde lo alto y las estrellas colgadas de la luna, ya no sabia donde empezaba y donde terminaba, se mezclaban ambas, la bota me llevó a mágicos lugares, tan mágicos como ella, no podía escapar de sus paseos todas las noches por la madrugada, me despertaba cada día esperando encontrarla en mi ventana, uno de esas esperadas madrugadas abrí los ojos alarmada era tarde esa mañana, ya el sol salia, la busque desesperada, pero no volví a ver a mi bota soñada, la noche se la había comido y la mañana con su luz tenue y gris no volvió a darme su llegada...
CEANA
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